CollaborationCOVID19Team Transformation

COMPETIDORES: ¿COLABORAMOS?

By May 14, 2020 No Comments

Un artículo de Ivan Capdevila
Director Amfivia Outdoor Events Management


¿Covid19webinarconfinamientodistanciasocialteletrabajovideollamadayomequedoencasa?

2 meses.
Tras estos 60 días de montaña rusa, hemos integrado nuevos términos a nuestro vocabulario y somos capaces de crear frases enteras incluyendo muchos de ellos y, a veces, amontonándolos.

También, como no, hemos disfrutado con algunos neologismos de autor tipo cuarentrena (encarcelamiento sin test PCR), epimiedólogo (discurso del miedo) o mi hashtag favorito #covidiota para referirse a las personas que muestran nula solidaridad en momentos extraordinarios como el que estamos viviendo. ¿Alguno sobrevivirá a la pandemia?

En el entorno profesional, de los términos ‘antiguos’ han sobrevivido entre otros: digitalización, innovación, agilidad, adaptación al cambio y colaboración, que ya llegaron en su día para quedarse.
Obviamente, también ha resistido el ya emblemático salir de la zona de confort. Un clásico. Como si el virus no nos hubiera echado de ella o lo hubiéramos dejado de practicar después de 3 crisis en los últimos 20 años. Le habremos cogido cariño.

De los términos ‘pre-apocalípticos’ que por su eterna vigencia han sobrevivido, me apasiona especialmente el concepto colaboración. Probablemente, sea la práctica más compleja de implementar en entornos profesionales ultra-competitivos debido a que apunta donde más duele: el ego y el miedo.

Cuando nos cuestionamos modelos colaborativos con empresas que no son nuestra competencia, nos resulta más sencillo enfocarnos en lo que podemos ganar. No obstante, si nos atrevemos a cuestionar la colaboración con empresas que sí son competencia, acostumbramos a focalizarnos en lo que podemos perder…

En situaciones de crisis, donde cuesta encontrar clientes, puede que sea el momento de acercarse a la competencia.

Ante la amenaza del COVID19, podemos afrontar solos el reto?

Es posible. Aun así, afrontar retos es algo que no acostumbramos a hacer solos del todo.

Por norma, y por responsabilidad, entendemos necesario el apoyo de profesionales que faciliten nuestra comprensión y gestión de la realidad: asesores, abogados, financieros, coaches, mentores, así como otros que nos ayuden a desarrollar nuestros proyectos profesionales: los proveedores que nos aportan valor.

Pero nos atrevemos a identificar y confiar en nuestros iguales/competencia como vectores para reinventar, adaptar, ampliar, mejorar nuestro modelo de negocio y ganar ventajas estratégicas?

La cultura colaborativa entre empresas que son competencia no es una novedad, pero es poco frecuente.
Compartir conocimiento y tecnología, reducción de costes, desarrollar nuevos productos son estrategias que ya se están usando para adaptarse por ejemplo a las nuevas demandas del consumidor o a los requisitos medioambientales.
Algunos hablan de coompetencia (Colaboración + Competencia) como una respuesta a la nueva complejidad donde cualquier posición está amenazada. El de BMW y Mercedes-Benz es el caso de cómo dos rivales naturales pueden sentarse a negociar el desarrollo conjunto de sus vehículos compactos.

No será una regla de seguro cumplimiento, pero si alguien conoce igual o mejor que nosotros la situación de nuestro sector y mercado, ante la amenaza del COVID19, apostaría por nuestros competidores.

La cultura colaborativa no se impone. Se entrena y se disfruta.

La cultura colaborativa, como el liderazgo, se basa en ser capaz de sacar el foco de uno mismo y ponerlo al servicio de una idea. Toda acción e intención orientada al beneficio común alimenta la cultura colaborativa y cada vez que aparece el ego, intereses personales y protagonismo la desnuda.

Ser colaborativo es un posicionamiento personal. A veces incluso un hábito. Es estar dispuesto, sin esfuerzo y sin tener que acordarse de hacerlo, a visualizar el compromiso con otros como el camino más enriquecedor para la obtención de beneficio mutuo o para ayudar a alcanzar un objetivo específico.

Es saber cómo compartir conocimiento, buenas prácticas e información para poder sacar el máximo provecho de las capacidades de cada parte. Es ponerse en modo receptivo y desear a experimentar, escuchar y desaprender.

¿Qué debería preguntarme antes de pensar en emprender proyectos colaborativos-cooperativos con mi competencia?

Por un lado, tu posicionamiento:

· ¿Puedo afrontar solo los retos siendo competitivo?
· ¿Estoy dispuesto a confiar y compartir lo mío?
· ¿Puedo aportar y recibir ventajas estratégicas?
· ¿Habrá compromiso y beneficio mutuo?
· ¿Dispongo de la cultura y las personas necesarias?
· ¿Pondré el tiempo y los recursos para sostener el acuerdo y la acción?
· ¿Estoy honrada y decididamente a ofrecer mi liderazgo en beneficio del conjunto?, etc.

Por otro, las ventajas que puedas visualizar:

· Comercialización conjunta y mejorar ventas
· Ahorro de costes y ser más competitivos
· Redimensionamiento, apertura de nuevas líneas de negocio, compartir clientes, espacios, servicios y recursos
· Ganancia en volumen de compra
· Acceso a grandes proyectos
· Compartir y capitalizar know-how
· Hacer lobby, etc.

¿Si encuentro entre mi competencia una posible colaboración, qué es lo primero que debería tener en cuenta?

Seguramente, tomar consciencia que nada será tan rápido como si lo hicieras solo. Como en la mayoría de los procesos complejos, y sobre todo en los primeros pasos, la colaboración es un procedimiento más reflexivo que reactivo.

Deberás ser muy empático, observador y vigilante para asegurar que todas las partes avanzáis en armonía y sincronía. Empieza poco a poco para que todos podáis adaptaros, disfrutar y estar siempre a tiempo de acelerar, desacelerar, pausar e incluso terminar. Estos podrían ser los primeros pasos:

· Inversión relacional: buscar el placer y la voluntad de conocerse y generar entornos de confianza. Debatir sobre valores, visión, propósito y estilos de liderazgo. Compartir experiencias, expectativas y acordar alianzas.

· Propósito estratégico: visualizar, compartir, definir y temporalizar oportunidades que beneficien al conjunto.

· Equipo impulsor: seleccionar las personas adecuadas que puedan liderar a los equipos a la consecución de los objetivos en el tiempo y en el modo acordado. No tienes porqué ser tu.

· Trabajo en equipo: lograr que se trabaje coordinada y armónicamente. Conseguir que los miembros del equipo asuman un estado de conciencia equilibrada y complementaria a nivel colectivo, operativo y emocional. Que se consideren individualmente y solidariamente responsables.

· Herramientas: Apoyarse en técnicas y tecnología (sólo las imprescindibles) que faciliten los procedimientos y la comunicación.

¿Con qué modelo me podría sentir más cómodo si no tengo experiencia en entornos colaborativos?

Un primer paso, el más natural y donde seguro ya se han vivido anteriores experiencias, son los modelos cooperativos.

En general, la cooperación está considerada un valor ético y moral. Debería estar presente en la vida cuotidiana de las personas, las entidades, instituciones y estados como también existen relaciones de cooperación entre animales y plantas de distintas especies.

En este tipo de acuerdos, se maniobra sumando esfuerzos para lograr un objetivo compartido. El trabajo es inter-equipos y se pone especial énfasis en el resultado. (1) + (1) = 2

La idea sería definir un proyecto y dividirlo en partes o fases. Cada equipo asume la responsabilidad de una fase o parte. La suma de todas las fases o partes completa el proyecto, pero el buen trabajo de un equipo sirve de poco sin el buen trabajo de todos los equipos. Cada equipo trabaja en el confort y seguridad de su hábitat y los encuentros se aprovechan para coordinarse, afinar, evaluar y sostener.

Un segundo paso mucho más enriquecedor, pero también más complejo e invasivo, son los acuerdos colaborativos.
Aquí se opera complementariamente para conseguir un objetivo común. El trabajo es intra-equipo y se pone tanto énfasis en el proceso como en el resultado. (1+1) = 2

Requiere total implicación de todas las partes en trabajar complementariamente para conseguir los objetivos consensuados. Pero también predisposición a disfrutar del proceso, de los aprendizajes y de las personas.

El escenario ideal sería que todas las partes, incluyendo a los miembros de los respectivos equipos, fueran capaces de trabajar en armonía tras poner en común:

· Cultura de trabajo: El hábitat. Valores y patrones de funcionamiento consensuados, compartidos y aceptados por todas las partes y miembros del equipo.

· Relaciones de confianza: Desde el reconocimiento de competencias y debilidades. Practicando la empatía, la transparencia y honestidad radical. Dispuestos a implicarse emocionalmente para entender, aceptar e incluir todas las sensibilidades y puntos de vista. Atreverse a dar y recibir feedback.

· Equilibrio de Roles: Lo que se desea aportar, lo que se espera de uno, lo que se está capacitado.

· Realización personal: Sentirse parte de un equipo que desarrolla proyectos significativos, relevantes y motivadores.

· Compromiso de inversión y acuerdo meritocrático: Aportación individual. Valoración sobre qué y cuántos recursos está uno dispuesto a aportar al equipo para lograr los objetivos comunes y ser retribuido en consecuencia.

En resumen, ¿Cuáles son los factores de éxito en colaboración?

Es muy común no reconocer la complejidad de trabajar en entornos colaborativos. Acostumbramos a pasar muy rápido de la voluntad de hacerlo a especular con los resultados.

El proceso se tiende a idealizar como una inminente reacción química de laboratorio, donde se juntan diferentes pero poderosos elementos, para obtener automáticamente uno de mejor y mucho más eficiente. Pero la diferencia, como siempre y para lo bueno y para lo malo, la marcan las personas y la calidad de sus relaciones.

Por otro lado, organizaciones con líderes muy sensibles, propensos y abiertos a la colaboración, se pueden llegar a convertir en un parque de atracciones para las personas con roles de equipo más sociales e impulsores. Siempre encontrarán oportunidades para colaborar, para disfrutar del proceso de arrancar proyectos, aprender, conocer y relacionarse con personas nuevas y muy interesantes…

No siempre colaborar es la solución. No siempre se es más eficiente colaborando. No siempre la situación y/o el equipo está en el momento adecuado.

Antes de emprender un proyecto colaborativo hay que asegurar que se tiene propósito estratégico, las personas adecuadas, los recursos necesarios y llega en el momento preciso.

Pero de todas, la clave más sustancial, es que los líderes de las organizaciones o equipos que persigan el desarrollo mediante escenarios de colaboración, deben ser capaces de crear, alimentar y mantener un entorno de confianza a partir de:

· La transparencia: Se manifiestan honrados, auténticos y comparten honestamente sus intenciones reales.

· La competencia: Aportan profesionalidad, talento y know-how complementario.

· La congruencia: Muestran coherencia, conveniencia, justicia y adaptación al contexto.

¿Quién se apunta?

«Ninguno de nosotros es tan inteligente como todos nosotros juntos» Kenneth H. Blanchard


Ivan Capdevila

Director Amfivia Outdoor Events Management